Genética de la obesidad

El estudio de la obesidad se puede abordar desde distintos enfoques, pero en la era actual de la genómica y la epigenética, se empieza a dar verdadera importancia tanto al estilo de vida como a la susceptibilidad individual a padecer obesidad por causas genéticas. Así pues, la nutrigenómica sería la rama científica biomédica que englobaría estos aspectos. Si bien es cierto que existen síndromes genéticos íntimamente relacionados con la obesidad, como el Síndrome de Prader-Willi o el Síndrome de Bardert-Bield entre otros, se estima que en torno a un 7-10% la obesidad es debida a una causa monogénica, esto es, debida a mutaciones en un único gen responsable. El primer gen reconocido fue el gen de la leptina LEP (regulador del control del hambre del peso corporal) y el último, hasta la fecha, es el gen ADCY3 (implicado en numerosos procesos metabólicos). Los casos restantes serían de herencia poligénica.

Desde un punto de vista evolutivo se postulan dos hipótesis que conjugan los aspectos genéticos y ambientales. Parece que el cambio de estilo de vida humano que ocurrió hace 12000 años, donde el hombre pasó de una de vida nómada (cazador-recolector) a un estilo de vida sedentaria (agricultor-ganadero), puede ser la clave para entender por qué el sobrepeso actual y la obesidad, en particular la infantil, se asocian a patologías más graves como el síndrome metabólico, la diabetes, problemas cardiovasculares e incluso el cáncer.
El estilo de vida cazador-recolector con una elevada actividad física, y por tanto con gran requerimiento metabólico y dieta alta en proteínas y baja en carbohidratos, propició la selección de un genoma adaptado a una baja sensibilidad a la insulina. Por el contrario, el genoma que se vio favorecido en los granjeros (agricultor-ganadero), marcado por una vida con menor actividad física y una dieta baja en proteínas, pero alta en carbohidratos, sería un genoma adaptado a una alta sensibilidad a la insulina. Ambos genomas parece que conviven en la actualidad ya que el genoma cazador-recolector, puesto que es un genoma de tipo “ahorrador”, en épocas de hambruna confiere claras ventajas adaptativas a los individuos que lo portan. Sin embargo, en los últimos 200 años (era industrial), donde los requerimientos nutricionales están sobradamente cubiertos en la mayoría de los países desarrollados y donde el metabolismo moderno está basado en un consumo elevado de hidratos de carbono, los genes granjeros (que también son genes que parecen estar relacionados con un aumento de la fertilidad) han prevalecido frente a los genes "ahorrativos" a través de poderosos mecanismo selectivos.
Actualmente, se reconocen dos periodos críticos del desarrollo en la obesidad infantil. El primero sería una obesidad que aparece desde la gestación a los primeros meses de vida, con un genoma probablemente de tipo “granjero” y que responde a una dieta baja en calorías, mientras que si la obesidad infantil aparece entre los 3-7 años (aproximadamente) supone un mayor riesgo a desarrollar obesidad de adulto asociada a diabetes mellitus tipo 2 o síndrome metabólico. Estos niños presentarían un genoma de tipo “ahorrador” que responderán a una dieta alta en proteínas, baja en carbohidratos (la llamada dieta paleolítica), así como al aumento de ejercicio físico.
En España destacan los proyectos de prevención primaria para controlar la obesidad como Predimed y Predimed Plus, basados en la investigación sobre los beneficios de la dieta mediterránea y la promoción de la actividad física.