Resumen del capítulo







Sobre las enfermedades infecciosas en paleopatología

José Luis Gómez Pérez


Desde que el hombre es hombre ha tratado de hacer frente a sus enfermedades, para ello ha buscado establecer una relación entre los síntomas percibidos y agruparlos bajo una denominación concreta con la que irlas identificando. Hoy en día este proceso no ha cambiado, pero tras los estudios de los microorganismos patógenos y bajo un prisma evolutivo empezamos a comprender que algunos síntomas no están producidos por los patógenos que nos infectan, sino por el propio cuerpo como mecanismo de defensa.

Poco a poco vamos entendiendo que muchos procesos que ocurren durante una infección, están relacionados con las estrategias de supervivencia de los microorganismos en el agresivo medio interno que es nuestro cuerpo.

El hecho de que la mayor parte de las enfermedades infecciosas no lleguen a afectar al tejido óseo de manera clara y puesto que en paleopatología habitualmente sólo se tienen los restos óseos, a excepción de estudios realizados sobre momias, hace que el establecimiento de un diagnóstico diferencial llegue a ser extremadamente difícil. A partir de los datos clínicos actuales podemos estimar que las relativamente pocas enfermedades crónicas infecciosas que pueden afectar el esqueleto suponen tan sólo entre el 5 % y el 20 % de los pacientes que padecen la enfermedad.