Resumen del capítulo







Adaptación biocultural: el ejemplo de la tolerancia a la lactosa

María Dolores Marrodán Serrano


Con el desarrollo de la cultura Neolítica, hace menos de 10.000 años, nuestros antepasados comenzaron a practicar la agricultura y a domesticar animales que les proporcionaban leche.  Al mismo tiempo, la práctica de la cerámica permitió fabricar recipientes para procesar y consumir esta bebida que supone un complemento nutricional de gran importancia siempre que su digestión sea posible. La condición natural en nuestra especie, como en el resto de los  mamíferos, es que nuestro intestino deje de fabricar lactasa tras el periodo de destete. Sin embargo, en las sociedades ganaderas   el alelo mutante que codifica para la persistencia de actividad enzimática a lo largo de la vida produciría una importante ventaja selectiva. Los tolerantes a la lactosa verían incrementada su disponibilidad de calorías y nutrientes, en particular el calcio. Aunque seguramente en aquellos pequeños grupos humanos debió actuar la deriva, la información arqueológica y el análisis genético actual permiten comprender como se llevó a cabo la expansión de las variantes alélicas que confieren persistencia de lactasa. La habilidad de digerir la leche se difundió en paralelo a las culturas pastoralistas y este fenómeno explica la gran variabilidad que la intolerancia a la lactosa presenta en las poblaciones del mundo.


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